sábado, 15 de agosto de 2009

Tóxica


Tengo ansia de vos. Ni siquiera es esperanza o ilusión, sino más bien gula, ambición. Pretensión desenfrenada, desordenada, viciada. Maldita sustancia. Nocivo todo vos. Pernicioso y oscuro. Sórdido. Y más dañina yo. Ingratamente aferrada a la quimera de tu amor. ¿Amor? Irrisorio afecto. Exiguo, tan diminuto e imperceptible como esta apestosa devoción. Fastidiosamente acoplada al calvario de tu sombra. Descarriada. Vacía. Llena de nada. Colmada de vos. Llena de nada. Y más dañina yo.-

viernes, 31 de julio de 2009

Decálogo del hombre (10)



¿Qué te gusta de un tipo, Jésica? Lindo, para bodrio suficiente con el ex. Morochón, mirada intensa, un adonis; más alto que yo, que me pueda poner tacos; inteligente, para que siga mis contiendas de filosofía barata; simpático, que reírse es fundamental; no problemático, que para embrollos mentales ya estoy yo; buen amante, el sexo no es elemental, pero sí imprescindible; buena persona, civilmente presentable; huérfano o hijo único, en lo posible, que no quiero lidiar con suegras y otras yerbas; con hasta poco más de treinta; curtido pero no resabiado; que me admire, que soy un chiquito ególatra, y del que yo pueda estar orgullosa... Es cierto, pido muy poco.

martes, 28 de julio de 2009

Melatol



- “Despertáte Jésica, despertáte!”
- “Hace tres días que no duermo.”
De la cama al living, del living a la heladera, de la heladera a la cama.
- “¿Probaste con manzanilla o tilo?
- “No creo en infusiones mágicas. Prefiero el café.”
- “Y si te tomás un cuartito de Alplax..?”
- “Demasiado tengo con la dependencia de mí misma.”
- “Mirá las ojeras que tenés.”
- “Desde los 16 las tengo. No me rompas.”
- “Y alguna de esas pastillitas naturales..?”
- “¿Melatol?
- “Sí, las de venta libre.”
- “No me jodas. Ya dormiré sola.”
- “Como quieras, pero no podés seguir así.”
- “No es la primera vez que tengo insomnio.”
- “Te la pasás en la computadora.”
- “¿Y?”
De la cama al living. Del living a la heladera. De la heladera a la cama y del insomnio al papel.
- “Despertáte Jésica, despertáte!”

lunes, 27 de julio de 2009

Hueco [ ]


Los domingos son difíciles de digerir. [ ]
Se te quedan ahí, atravesados, atascados. Insufriblemente cruzados. [ ]
Al punto que te despojan de vos y te descubren sobre la nada. [ ]
Te hurgan tan tediosa e impertinentemente. [ ]
Te escarban y te manosean burlándose de todo vos y de tu ingenua figura. [ ]

domingo, 21 de junio de 2009

Viaje hacia un "no lugar"

Hace días, meses que no me miro. Hace días, meses que no miro. Voy camino hacia un lugar. Mis manos están frías y más pálidas que de costumbre. Es temprano; el ruido del motor me traslada y me serena. Quizás llegue más tarde de lo pautado a la cita. Seguramente llegaré tarde. No me inquieta. Nada me sobresalta hoy. Será que estoy pero no estoy.
Mientras intento escribir algo que no logro descifrar, mis manos siguen frías y mis garabatos no encuentran sentido. Sigo el viaje; el colectivo acaba de desviar el trayecto habitual: una más de las tantas protestas sociales... Pero nada me sobresalta hoy. Es uno de esos días de ausencia calma. Generalmente vivo inmersa en la vorágine de las obligaciones auto impuestas. Generalmente no hay lugar para el sosiego y la abstracción. Hace tanto que no miro a mi alrededor. Pero esta vez es distinto. Las imágenes detrás del vidrio revelan algo que no había visto antes. Siento el peso de mi cuerpo, pero es un peso liviano, etéreo. Tomo conciencia de cada parte de mi ser y es un estado pleno. Nada me turba. No pienso en nada ni en nadie. Sólo respiro y advierto, pero no distingo. Ni siquiera sé si me gusta sentirme así. Sigo escribiendo trazos instintivos y maquinales, absolutamente irreflexivos. Y podría permanecer el día entero en este letargo. Viajando hacia un no lugar; temprano, siempre temprano, días eternamente claros y fríos, mientras el ruido del motor me traslada y me serena.
9.40. Decididamente estoy llegando tarde a la cita. No me inquieta. Nada me sobresalta hoy.-

jueves, 26 de marzo de 2009

La Lucanera



Timbre. 20.17 horas, según acusa el reloj. Lucanera se aproxima con dos minutos de retraso, teniendo en cuenta que la clase comienza a las 20.15. Su andar es pachorro, pesado, como si viniera de darse un tremendo atracón, de esos que te dejan cuasi inmóvil.
Ingresa al aula arrastrando los pies. Por supuesto, los alumnos la siguen con el mismo poco entusiasmo. No se toma más de dos o tres minutos en chequear el libro de temas. No hay tiempo que perder. Los asientos contables son prioridad y hay que liquidar tres cuestiones en nada menos que dos horas. Por algo le pagan. Lucanera está al servicio de la educación pública y, por tanto, su responsabilidad debe ser tomada como tal. Su sueldo sale de nuestros bolsillos, según textuales y reiteradas palabras de la comprometida y escrupulosa profesora de Contabilidad.
Enseguida se pone al frente de la clase. Tiza en mano, comienza a vislumbrarse en la pizarra la interminable ensalada alfanumérica de siempre. Mientras algunos parecen regocijarse con los “problemitas” planteados, como si estuvieran descifrando uno de esos crucigramas entretenidísimos que ofrecen algunos suplementos sabáticos; otros (la mayoría, claro está), revolean los ojos como queriendo captar “algo” de lo incomprensible que Lucanera acaba de explicar. A ella parece no afectarle quién entiende y quién no. Avanza, avanza y avanza. Con prisa y sin pausa, como queriendo anticiparse a la finalización del programa académico y ahí sí, recién ahí estará en condiciones de hacer un alto en las cabezas secas de sus jóvenes discípulos. Lucanera se consume y los consume; en un encuentro semanal, los exprime, los agota y extenúa, con el fin de revalidar su vocación y/u obsesión educadora.
21.05. Un grupito de alumnas bochincheras, pero no por ello, malas estudiantes, advierte que todavía resta una hora y diez minutos para que finalice el calvario. Una hora y diez minutos de cabezas literalmente abombadas. Así y todo, prosiguen con la seguidilla de problemitas indescifrables y entretenidos. Si algo debemos reconocerle a Lucanera es su capacidad de mantener la poca atención que a esa altura subsiste en el aula. Quizás esta virtud se deba, en buena medida, a su manera de expresarse y meter bocadillos políticamente incorrectos pero efectivos a la hora de refrescar esas cabezas secas y exprimidas. Lucanera es un poco malhablada, sí. Pero sus excesos verbales son los que equilibran la balanza; y en el fondo se la quiere por ser cómo es: una obsesiva de los números, estrictísima con los horarios, pero cómplice del mismo lenguaje de esos jóvenes escolares.
La educadora es así: mezcla de chabacana y erudita en las cuentas. Pachorra en su caminar pero ligerísima a la hora de agotar los variados temas de su agenda académica. Pesimista y poco entusiasta; tal vez ello se debe a su reciente y confesada separación. Lucanera no representa, precisamente, el derroche de optimismo y algarabía en persona. En la mayoría de las ocasiones (léase, en aquellas oportunidades en las que no está dictando su tan celebrada cátedra) se la ve cabizbaja y algo desanimada, como si las clases la encendieran y la reencontraran con su verdadera esencia jovial y chispeante. Por lo pronto, y a la luz de su apariencia un tanto desatendida, necesita un rotundo y riguroso cambio de look. Un buen corte de pelo, una efectiva y prolija coloración de sus mechas, anteojos e indumentaria un poco más chic... en definitiva, un “aire nuevo y fresco” que la recicle y le ofrezca una versión mejorada de sí misma. Tal vez así Lucanera se relaje un poco y afloje en hacer un alto en las cabezas secas de esos jóvenes discípulos. Que así sea.-

miércoles, 18 de marzo de 2009

Figurita repetida

Número desconocido. “No me molestes más. Estoy en otra. Se terminó hace rato”. Tu-tu-tu-tu.
¿Acaso no tiene dignidad? Un poco de amor propio no le vendría mal. El mismo que le sobra al patán que te quita el sueño. “Todo vuelve”, te aseguró; “y te garantizo que ningún otro tipo va a estar atrás tuyo. La indiferencia se te va a volver en contra”. Parece que el presagio del ex en cuestión no fue tan desmesurado, después de
todo.
Mientras el primero te agobia, el otro se te escapa. Uno se tiende a tus pies, por el otro estás a sus pies. El uno se arrastra, mientras el otro se muestra demasiado erguido como para que lo abordes. El uno no quiere otra cosa más que poseerte, el otro no hace otra cosa más que ahuyentarte.
Así son las cosas. Paradojas de una misma trama en la que la implicada número uno sos vos, precisamente. Mucha tela para cortar si nos detuviéramos a analizar semejante contraste.
Número desconocido. Llamando al patán. Necesitás escuchar un hola refrigerado y áspero como él. Necesitás revalidar su apatía para volver a armarte para la conquista. “Hola”, se oye, entre un indescifrable murmullo. (¿Con quién estará? Seguramente rodeado de alguna chirusa que le arrastra el ala). “Hola”. Tu-tu-tu-tu. Ni siquiera te concede el privilegio de cortar la efímera comunicación. Perro.
Indiferente el uno, obseso el otro. La figurita difícil del álbum y esa misma repetida hasta el cansancio. La figurita difícil por la que resignaste hasta la última moneda. La figurita difícil del capricho y la obstinación infantil. Por otro lado, la insulsa, esa figurita vacía y reiterada que alguna vez fuera la más importante de tu álbum... ¿Quién lo creería?
Y todo por el mismo precio. Dos caras de una misma moneda disputándose el podio del mayor absurdo. Con uno lidiás y subsistís a la defensiva. Con el otro te armás e intentás atacar por todos los frentes. Sin el menor de los éxitos, claro está. No se deja, no quiere, ni siquiera se resiste a tus ridículas embestidas. Y mientras más grotescas tus intenciones con el insensible rufián, más esmero pone el indigno ex. Como si olfateara el escenario y no quisiera dejarte al margen de tamaña faena. Para bochornosos, mejor que sean dos.
Vos acometés con empeño desmedido pero el patán no se imagina que sos tan víctima como él, o más. Seguramente intuye que nadie, en su sano juicio, se embaucaría con semejante espécimen femenino. Como sea, lo que el malparido piense acerca de tu persona, ni afecta ya. Es un no categórico y rotundo, punto de partida de tu incesante empecinamiento. El patán se resiste y el indigno no para.
Número desconocido. “Te dije que no me molestes más. Se terminó, concluyó, finiquitó, caducó. ¿Cómo te lo tengo que decir?”
Tu-tu-tu-tu.
Por el momento, parece no haber razones suficientes que lo hagan desistir de la “operación re-conquista”. Aunque a esta altura, y teniendo en cuenta tus reiterados desplantes, no creo que seas más que un trofeo de guerra para un hombre que insiste más por amor propio que por otra cosa. De todos modos, no le doy mucho tiempo más a su insensatez. Ni bien consiga un hombro o alguna otra parte del cuerpo que lo haga feliz, ahí mismo se olvida del tan ansiado trofeo. Garantizado.
Respecto a la figurita difícil, se te acabaron los pretextos para salir al cruce. Ya no hay coartada posible, verosímil o inverosímil. No las hay. Se agotaron con vos y con tu inconmensurable capacidad de enredo.
El patán se resiste o se resistía (depositemos un voto de confianza a tu amor propio) y el indigno no para... hasta que se detenga.
¡Cuánta tela para cortar si nos detuviéramos a analizar semejante contraste! ¡Pero nada es fortuito! ¡Y mucho menos las figuritas con las que elegís jugar! ¿Será hora de cambiarlas?:)